Fondo

Rocío era una periodista de moda, le encantaba y siempre había sido su vocación dedicarse a ello: ir a desfiles, conocer a diseñadores, disfrutar de las tendencias … Lo vivía plenamente. Casi no hacía otra cosa que trabajar, tanto era así que no paraba de viajar y conocer gente de todo tipo. Era muy abierta, le gustaba hablar con todo el mundo.

Entre crónica y crónica, desfile y desfile, Rocío comenzó a darse cuenta de que los y las modelos cada vez eran más delgados; es más, algunos que conocía, desde que iniciaban sus carreras, en pocos años parecían otras personas de todo lo que habían adelgazado. No sólo pasaba a las chicas, sino también a los chicos; era exagerado pero a nadie le parecía importar, era como si fueran transparentes.

Fue entonces, cuando pensó que alguien tenía que hacer algo y empezó a investigar, a hablar con los y las modelos e intentar ayudar a quien veía que tenía un problema, quien no comía y vomitaba, quien simplemente se tiraba horas y horas con un vaso de agua.

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Era muy raro y diferente porque estaba la mayoría igual y quería averiguar por qué. Rocío estaba preocupada por ellos porque pensaba que no comían o que les pasaba algo. Un día de desfile una de las modelos se desmayó y fue todo un espectáculo. La modelo fue al médico y le dijo que estaba anoréxica .

Cuando estaba en reposo, Rocío fue a verla y a preguntarle porque estaba preocupada por ella y la modelo le contó qué le pasaba. Rocío estaba preocupada y le preguntó por qué lo hacía, por qué no comía. Le contestó que a ella siempre le decían que una modelo tenía que estar delgada, que sino no era una modelo. Ella explicó que cuando empezó esto del modelaje estaba rellenita y sus compañeros la criticaban y a ella le sentaba fatal que le dijeran eso, entonces dejó de comer y comenzó a adelgazar cada día 4 kilos mínimo.

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Rocio consultó a un experto, pidió cita con una psicóloga. La psicóloga se llamaba Clara y esta le explicó que la anorexia tiene cura.

Muy preocupada por la cantidad de casos, Clara decidió darle una charla a todos los modelos sobre cómo superar esta enfermedad. La charla comenzó hablando de lo fundamental que es tener una alimentación saludable y de que lo importante en las personas no es su aspecto físico sino sus valores interiores. Y que debían tener el peso compensado con su altura.

Los modelos empezaron a preocuparse por su salud, pero tenían un gran problema: el jefe de los desfiles era el que les había metido esas falsas ideas en la cabeza.

Rocío habló con el director del desfile y echaron de su puesto al jefe.

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El jefe, malhumorado, no iba a dejar que una periodista le quitase su trabajo así que le denunció por no poseer pruebas y la mandó a juicio. En el día del juicio, Rocìo decidió llevar a las modelos afectadas para que pudiesen contar su historia ya que era su única prueba para no acabar en prisión.

El día del juicio Rocío tuvo un mal presentimiento y llegó antes de la hora establecida. Al entrar por la puerta vio a través de los cristales de uno de los despachos al jefe de la agencia de modelaje, Simone D’Alighieri, el hombre al que había denunciado y el juez encargado de su caso, entablando una conversación demasiado animada para su gusto. Vio a Simone extraer un fajo de billetes del bolsillo de su chaqueta Louis Vuitton color azabache. Rocío, asombrada por la poca humanidad que tenía ese señor hacia ella y los modelos, decidió dirigirse a alguien más profesional que aquel juez incompetente. Como era de esperar, nadie creyó a Rocío ya que el señor Erick Johnson, el juez que tenía aproximadamente 20 años de experiencia, era más creíble que una periodista llamada a juicio prácticamente por haber deshonrado a la ley. Lógicamente, Rocío terminó en prisión.

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Rocío, asustada por la condena que le puso el señor Erick Johnson, la aceptó, pero…, lo que ella no sabía era que esa condena sería estar en esa prisión especial para toda la vida.

Una vez que trasladaron a Rocío dentro de la prisión, se encontró a una instructora que le estaba explicando cómo iba la vida allí dentro, todos los prisioneros y prisioneras allí presentes llevaban un collar un tanto raro, se veía como si el collar tuviera un punto rojo.

La instructora les explicó a todos que dentro de la prisión tendrían que ganarse el dinero trabajando, y que había una especie de caramelos que tenías que comerte cada semana o, si no, el collar te quitaba la vida de una. Obviamente les dieron a todos una bolsa inicial para que pudieran sobrevivir la primera semana.

Mientras que la instructora estaba explicando las siguientes reglas de la prisión, pasa un joven con un carro cargado de mercancía desconocida y se choca con Rocío, a esta se le cae al suelo la bolsa donde se encontraba el dinero, la ropa de recambio y el caramelo necesario para sobrevivir esa semana; el joven la ayuda a recoger las cosas del suelo, pero de repente la instructora se da cuenta de algo y con la espada tan afilada que tiene le hace un corte en todo el pecho y le dice que devuelva lo que ha robado.

Cristina Alhaja Bortolín, 4C

Una enfermera que pasaba por ahí la llevó inmediatamente a la enfermería y le curó la herida. Rocío le contó a la enfermera todo lo que había pasado y ésta no dudó en hablar con el juez, pues eran amigos.

Fueron a juicio de nuevo y fue declarada inocente.

Cuando salió de la cárcel lo primero que pensó es: » Qué ganas tengo que ir Dunkin Donuts y pegarme una buena merendola».

Allí se encontró a las modelos a las que había ayudado y estás le contaron que ya se habían recuperado y que no le tenían miedo a comer.

Cuando terminaron de merendar, se fueron a dar un paseo y se encontraron con Simone D’Alighieri.

Pilar Díaz, 4G

Al ver al miserable y mentiroso personaje que casi le destroza la vida por completo, procede a acercarse y después de un duelo de miradas de aproximadamente unos 5 segundos, le pisa el pie y en un abrir y cerrar de ojos todos se van corriendo sin que el malhumorado de Simone pueda reaccionar. Después de dar unas vueltas para despistarlo, Rocío se despide de las modelos y se va a su casa a descansar después de tanta acción. Al llegar a casa, abre su portátil HP y revisa los correos y demás notificaciones pendientes, al ver detenidamente una en especial pega un salto del susto, era un correo de una cita con un chico que conoció por Tinder; con suerte la cita la acordaron con tiempo ya que él estaba en el extranjero por trabajo; en todo caso, al revisar el dia propuesto, se dio cuenta de que era al dia siguiente, dia 22 de octubre de 2019, por lo que tendría que empezar a pensar cómo contarle que en este tiempo había estado en la cárcel sin que suene raro. Rocio también revisó las demás notificaciones y vio que el banco después de varios avisos sin respuestas por un impago la había añadido a una lista de morosos, por lo que tendría que ir también ese día al banco para explicar todo lo ocurrido.

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Lo que no sabíais es que todo esto escondía algo aún más oscuro, aquello que solo unos pocos sabíamos. Dámaris, escondida en su mundo de fantasía tras el nombre de Rocío, había pasado ciertos días sin tomar su medicación. Imaginando entre esas cuatro paredes, o mejor dicho, enloqueciendo.

Todo se tornaba de un color triste y pesimista para ella cada vez que se refugiaba en sí misma; debía escapar de su mundo, volver al nuestro, al real, lo cual no sería lo suficientemente fácil si seguía escondiendo las pastillas bajo el almohadón de su deshecha cama.

Su diario completo de rayones e historias fantásticas nos hacía creer que tan sólo era una chica creativa, y que, por lo tanto, su diagnóstico estaba equivocado. Así era, hasta que la veías caminar por los pasillos, creyendo que los demás pacientes eran modelos necesitados de su ayuda, como muchos otros delirios.

Dámaris debía despertar, despertar de aquella ensoñación excesiva.

Porque, como ella bien sabía en el fondo de tanto caos, bastaba una sola vela para acabar con la oscuridad, su oscuridad.

Nuria Balboa Izquierdo, B1A

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